Mario Bahamón Dussán
Enfermo terminal capitulo I







 

ENFERMO

TERMINAL

(Relato)

 


 

 

 

 

© 1993 Mario Bahamón Dussán

www.mariobahamon.com

bahamon@att.net

 

 


 

 

 

 

“¡Nadie puede vivir

y no morir nunca!”

Salmo 89.48

 

 


 

 

 

1

José Bernal, taxista de cuarenta años, no imagina, al entrar al hospital, que dos meses después estará muerto. Ha ido para un simple chequeo médico de un lunar que en la mejilla izquierda comenzaba a crecer y a picar.

Increíble, pero así habrá de suceder. No por su mente, ni por la de nadie hubiera podido pasar que la muerte, en un tiempo tan breve, cargara con él. 

Su mujer le había dicho y se lo repitió:

–Mi'jo, ve al hospital a que te miren ese lunar. Tiene mal aspecto. No me gusta.

Era un lunar maligno; en él anidaba la muerte.

Sí: La Muerte.

 

 


 

 

 

2

 

En el consultorio, el médico lo invita a sentarse. Lo examina de cerca.

–¿Duele? –pregunta estrujándoselo por los lados.

–No –responde José Bernal. 

–Está un poco irritado –comenta el facultativo–. ¿Si quiere se lo quito de una vez? –sugiere–. Sólo necesito diez minutos. El dolor es mínimo; podríamos estudiarlo mejor –explica.

Dicho y hecho: Lo hace acostar, cubre sus ojos con un pañuelo, le coge la mejilla, limpia la pequeña carnosidad protuberante con un algodón mojado en alcohol y, luego de soplar con su boca, le inyecta un poquito de anestesia.

La enfermera está a su lado. El arco de sus cejas resalta bajo un gorro medio puesto en su cabello como un barquito de papel que empieza a hundirse.

–Una hoja de afeitar –requiere el médico, y ella se la alcanza. Al tenerla en las manos comienza a cortar. Como es nueva, tiene buen filo. Después, con algo que José Bernal no puede precisar, escarba para extraer unos lipos que es bueno no dejar en el pequeño cráter.

Toma una muestra del lunar, la mete en un frasquito marcado con el nombre de José Bernal y lo envía al laboratorio.

Le recomienda no exponer al sol ese lado de la cara para que la cicatriz desaparezca pronto; que pasados quince días llame telefónicamente por el resultado de la biopsia.

Y después de tan sencilla cirugía lo despide sonriendo, sin saber que el diagnóstico presagiará la muerte.


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