LA
BONITA
(Relato)
Mario
Bahamón
Dussán
Primera Edición ebook
31 de octubre de 2001
ISBN 958-9186-05-05
ã Mario Bahamón Dussán
¿Será cierto que la suerte de la fea
la bonita la desea?
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Sucesivos cuatrienios de estériles gobiernos tenían a
Era fácil encontrar en los semáforos muchachitos desnutridos y harapientos que pedían monedas a cambio de limpiar el parabrisas, y también mujeres con niños de brazos implorando una limosna. 100 cuadrillas de alzados en armas volaban torres de alta tensión y oleoductos, instalaban retenes, cobraban tributos, asaltaban pueblos, secuestraban y mataban policías y soldados. La inversión foránea comenzaba a buscar horizontes menos turbulentos. El comercio internacional de narcóticos, marihuana y cocaína, corrompía con su avalancha de dólares a todas las clases sociales.
La impunidad había logrado niveles vergonzosos. Era fácil cometer un delito sin afrontar el peso de la ley. El enriquecimiento ilícito era la forma común de mostrar el éxito obtenido en la política.
Al carecer de una industria exportadora, las fuentes de trabajo habían disminuido y el desempleo alcanzaba niveles de zozobra.
20.000 asesinatos al año nos marcaban
Y de no ser por Botero, Carlos Vives, César Rincón, García Márquez, Llinás, María Isabel Urrutia, Montoya, Mutis, Patarroyo, Shakira y otros talentosos compatriotas un poco menos publicitados, el nombre del país sería con frecuencia cuestionado en resto del mundo.
Flotaba en el ambiente un pesimismo general que iba cayendo sobre los colombianos como nube asfixiante y el que podía emigrar no dudaba en hacerlo y se iba para cualquier lugar del planeta, a la brevedad que el destino se lo permitiera, llevando en el corazón sólo el recuerdo de ese bello país que fuera en otros tiempos. Esmeraldas, café, ríos, música y paisaje.
Epoca horrenda que nos dio la entrada al siglo XXI por la puerta de atrás.
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En medio de este desmangurre social había nacido en Cali, la capital del Valle del Cauca, en una familia exageradamente pobre, una niña de singular belleza, que desde el nacimiento fue admirada por todos. Pero su belleza le causaría sinsabores y más de una vez lamentaría haber nacido. No había ser humano que al verla no quedara fascinado; y así creció, persuadida de que era la misma venus encarnada en mujer.
Como en su humilde hogar las angustias económicas eran cada vez más agobiantes y pasaban los días sin ver un solo peso, se sintió empujada a buscar dinero donde mejor pudiera y con este fin se empleó de ventera en la tienda de un comerciante rudo y analfabeta que facilitaba a la familia vituallas y otras viandas para calmar el hambre, quien la sometería a un continuo acoso hasta que finalmente lograría disfrutar de todos sus encantos.
Acordaron, los dos, vivir sin casarse; ya que ella albergaba la esperanza de organizar su vida con alguien más joven y aprender un oficio que pudiera generarle mejores ingresos.
Por un corto circuito, de una instalación mal hecha, al comerciante se le incendió la tienda y pereció quemado. Ella recuperó su libertad, pero la familia quedó sin sustento, pues las llamas lo dejaron todo convertido en cenizas.
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Inició a trabajar en un casino nocturno donde debía atender y servir trago a los jugadores. No obstante las propinas, no conseguía lo suficiente para cubrir los gastos
Al hermano que a ella seguía, quien iniciaba a trabajar en un asadero de pollos, le metieron una puñalada, entre el paradero del bus y su vivienda, por robarle los tenis, obsequiados por ella el día de su cumpleaños, y cuando lo llevaron al hospital, de caridad, ya estaba muerto; pues con la sangre se le escapó la vida, sin que nadie hubiera sido capaz de retenerla.
Ella hizo migas con un capitán
Una tarde su padre empujando una carreta atascada en un barrizal sufrió una lesión en la columna que le impediría realizar cualquier fuerza, y ahora sí que menos iba a conseguir trabajo. Su madre lavaba ropa, pero ya tenía hongos en las manos, no le rendía y por consiguiente le pagaban poco.
Como a veces los clientes
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Ingresó a trabajar en un exclusivo burdel costoso, llamado “El Jardín de las Muñecas Lindas”, donde sólo aceptaban mujeres embrujadoramente hermosas. Sus padres sospechaban que no estaba en algo decente, puesto que dormía en el día y trabajaba de noche. Mas no se lo recriminaban sabiendo que lo hacía para que al menos no faltara la comida diaria.
Y una noche la sofisticada elegancia
Todas las muñecas lindas lloraron hasta acabar sus lágrimas y ella sufrió un ataque de nervios que le impidió volver a trabajar, y acoquinada por la tragedia se refugió en su humilde rancho.
Así en todo el país se hubiera perdido el valor de la vida, ella no aceptaba que la muerte ejerciera tan completo dominio. Ya había sufrido o presenciado tres muertes en el corto espacio de dos años.
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Al ver a sus padres y hermanos cada día más acorralados por la pobreza, con el vestido remendado y los zapatos rotos, y ya acostándose con el estómago vacío, se llenó de valor y volvió a la calle en busca de dinero.
Fácilmente consiguió trabajo en un hotel,
Un alocado fotógrafo profesional le ofreció un dinero por posar desnuda. Ella aceptó si la dejaba ponerse un antifaz; pero éste adujo que perdería atractivo y además las tomas iban para la colección particular de un adinerado vejestorio que compraba fotos de mujeres muy bellas.
Le hizo mil tomas, así y asá. De pie, sentada, medio acostada. Con la mano ahí, ahora acá.
Ese día percibió un raro placer al exhibir entera la bonita escultura de su cuerpo al desnudo.
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Uno de los clientes
El de la tarjetita, un importante político, la envió a un centro nocturno,
Aprendió a realizar stript-tease; lo cual era un magnífico espectáculo. Ingresaba al escenario vestida de novia, con un ramo de azahares en la mano,
-¡Muñequita!
-¡Bella!
-¡Hermosura!
-¡Perfecta!
-¡Linda!
-¡Preciosa!
-¡Divina! -iban cayendo entre aplausos y suspiros los cumplidos sobre la pasarela a medida que La Bonita exhibía toda desnuda su almendrada piel. Y después de lucirse unos instantes desaparecía envuelta en una niebla artificial para volver traída por vítores y aplausos, incansables. Pero no se iba a dormir con nadie, pues debía realizar el mismo show en otros clubes nocturnos.
Uno de los admiradores la puso en contacto con una agencia de damas de compañía y entonces realizó algunos viajes con hombres de negocios, ejecutivos y profesionales que sentíanse muy solos cuando añoraban a sus lejanas esposas en las frías habitaciones de los hoteles.
Los debía acompañar a lujuriosas discotecas, exclusivos restaurantes y fiestas galantes, y de paso gozar de la vida y hasta reírse un poco, como la vez que estando alojada en un hotel de Cartagena de Indias, con un arquitecto que participaba en un simposio de urbanismo, anunciaron la llegada de la verdadera esposa y entonces le tocó a La Bonita empacar, muerta de risa, el equipaje y correr a esconderse en la alcoba de otro colega que tuvo a bien hacerse cargo de ella, sacándolos del apuro; y después, entre burlas y sarcasmos, explicar que el hombre inicialmente presentado como esposo resultara con otra mujer. Todos se los gozaron en los eventos restantes.
Desde luego que algunos no habrían dudado un instante en arreglar con ella para que los acompañara en otro congreso.
En tan peculiar oficio le tocaba lidiar con hombres de variados tipos: jóvenes y maduros, dormilones y sonámbulos, calmados y golosos; pero todos sí bien exigentes, por lo cual debía estar a la moda, llevar ropa interior muy fina, ponerse exquisitas fragancias.
Como casi toda
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Volvió a trabajar en un casino. Y allí conoció un joven que arreglaba los muebles.
Siempre que él llegaba se ponía muy contenta y entonces buscaba la forma de preguntarle alguna insignificancia,
Era alguien que la había tratado con delicadeza, valorado
Ella no sabía cómo explicar a sus padres que se iba a casar con alguien tan pobre como ellos, y para remate tampoco estudio había tenido y no era más que un simple muchacho humilde, ayudante de carpintería.
Y en este dilema hizo la suerte que ella le enseñara a jugar black-jack y una noche ganó mucho dinero, suficiente para instalar un negocio propio. Al fin la vida le estaba dando un chance y podría escapar
Como ella mantenía sus dudas, se hizo examinar la sangre.
Para infortunio suyo apareció con SIDA.
Ya podrán imaginar el desconcierto, la rabia y la tristeza que esta desgracia le causó. La Bonita no sabía qué hacer y desesperada hasta quiso matarse.
En medio de la descomunal angustia revolcaba en su mente buscando en qué momento pudo contagiarse de tan mortal azote, si ella siempre tomaba precauciones; y hasta una noche le apagaron un cigarrillo en una pierna y otra vez estuvo a punto de morir estrangulada por negarse a hacer el amor sin preservativo.
Ni siquiera aceptó dejarse poseer sin protección por un apuesto vendedor de autos que deseaba un hijo con ella; y aunque a veces La Bonita también lo deseaba, se había negado por temor de ser contagiada, como le sucedió a una compañera de trabajo que vencida por esa enfermedad la piel de todo el cuerpo se le cubrió de ulceraciones supurantes. Murió aislada, hasta por las enfermeras repudiada y el cadáver fue enterrado en ataúd metálico y sus ropas incineradas. El solo recuerdo la dejaba pálida y temblaba hasta acabar llorando.
Al no encontrar a nadie que en su vida hubiera tenido el privilegio de amarla al natural se llenó de esperanza y volvió a practicarse el examen.
Había sido un error
Esta alegría le duró hasta cuando entregaron el resultado: él sí estaba de veras contagiado. Posiblemente había sido en una transfusión de sangre cuando estuvo recluido en un hospital por un paludismo que casi se lo lleva. Lo cual parece sí podía ser cierto. Tantas, tantas, tantas lágrimas derramó La Bonita que hasta un vaso hubieran podido llenar. Renegó incontables veces de su mala suerte. Sintió mucho pesar por él y por ella. Le obsequió la parte
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Envuelta aún por la tragedia que hacía pedazos todos sus sentimientos, fue contactada por un narcotraficante que le propuso viajar a los Estados Unidos llevando cocaína. El mafioso no ahorró palabras dibujándole el porvenir que tendría de coronar un sólo viajecito, con lo cual ayudaba a su familia, olvidaba la pena y podría abrirse un camino en el país de las oportunidades.
El mismo le consiguió el pasaporte y la Visa y la preparó para que diera a las autoridades portuarias respuestas propias de una empresaria en cosméticos y perfumería. Sufrió un calvario durante todo el tiempo que duró el viaje. Varias veces le tocó ir al baño; hizo lo posible por dormir un poco, sin lograrlo.
Al llegar a
Casi muere
Suponía que todos la miraban con sospecha, que había cámaras ocultas y policías disfrazados de turistas.
El oficial de la aduana consideró innecesario revisar su equipaje y la dejó pasar
En los Estados Unidos consiguió trabajo en un cabaret, haciendo stript-tease; de esos en que las muchachas se ponen una liga entre el muslo y el pubis para que a medida que se van desvistiendo les coloquen billetes de a dólar. Sin que nadie se atreva a tocarlas, pues para evitarlo cuidan dos gorilas enormes que de inmediato lanzarán a la calle al que apenas lo intente.
La primera vez que presentó su show le infundió tanto ánimo, con la esperanza de no tener que hacer más viajes llevando cocaína, sino vivir de eso, que el éxito fue instantáneo; le pusieron tantos billetes que la liga al no poder contenerlos se reventó y entonces los arrojaban al piso.
Aunque allí se mostraban mujeres hermosas de todo el ancho mundo, ella era la más admirada. Se desvestía con verdadero arte. De cada prenda, al quitarse, lo hacía con total seducción y picardía.
En el transcurso de la noche repetían el show hasta que únicamente quedaba la que más espectadores reuniera en torno al escenario, y al final La Bonita los congregaba a todos y ganaba más dólares.
Tanta era su fama que la anunciaban
Su cara, su cabello, sus hombros y los brazos, los senos y su vientre, las manos, las caderas, la espalda y las nalgas, las piernas, los muslos y los pies; todo el cuerpo mostraba una armonía perfecta, sin que hubiera intervenido el mágico bisturí de un cirujano plástico.
Subía luego a una pequeña plataforma giratoria para que pudieran, todos, darse el gusto de observarla más detenidamente. Hacían silencio y después comenzaban a soltar comentarios y expresiones de asombro
Este oficio, según calculaba, le daría más dinero que viajar de `mula' con tan peligroso cargamento; ya que las `mulas' corrían el riesgo de ser descubiertas o las utilizaran como distractor para pasar un despacho bien grande mientras los policías del aeropuerto harían el papelón de haberlas pillado.
Hubo un viernes por la noche en que hizo novecientos veintisiete dólares; pues un espectador que nunca había visto reflejada en sus pupilas desnuda una mujer tan bella, fascinado le obsequió cien dólares.
Las otras desnudistas no entendían por qué no tenía un hombre que fuera su marido, si además de hermosa era
Todo andaba bien hasta cuando un orangután que trabajaba de policía, por no haber querido irse a la cama con él, la amenazó con denunciarla por estar trabajando con una simple Visa de turista.
Dudando si volver a
El siempre había lamentado de que su pobreza la hubiera lanzado a un mundo que sin piedad se aprovechó de su belleza. Ella ahorraba plata para que a su regreso pudiera hacerlo operar de la columna y comprara también una casita en algún mejor sector de la ciudad; pues el barrio donde quedaba el rancho era un barrizal completo y los peligros rondaban a sus otros hermanos.
Lloró sin parar en todo el viaje y también durante el entierro.
Ante el dinero que llevó, ni su madre ni los hermanos preguntaron
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Nuevamente fue contactada por el narcotraficante, quien la hizo sucumbir con una tentadora oferta. Esta vez debía ir acompañada de otra mujer; lo cual le pareció bien, pues tenía un cuerpo hermoso y quizás podría trabajar en el show. Pensaba que iba a ser su confidente y compañía. Mas no habría tal, ya lo veremos.
Pasaron sin problema la requisa en el aeropuerto de
El aeropuerto de
No obstante que era noviembre, La Bonita sentía un calor sofocante,
El oficial de inmigración, que no había percibido su belleza, le sonrió cuando al levantar la cara pudo apreciar que realmente era espectacular: la boca mediana, de labios carnosos, los ojos inmensos, preciosos y festivos, de encurvadas pestañas largas y separadas, las cejas delgadas y de línea perfecta, la nariz pequeña, sedoso y negro, el cabello, el rostro ovalado y de piel de manzana. No sólo le sonrió, sino que exclamó en voz baja:
-¡Oh, my God! -y soltó un ligero suspiro de emoción. Ella simplemente respondió:
-Gracias -le obsequió una sonrisa y cogió el pasaporte.
Las dos `mulas' hermosas se han dividido, una en cada línea, a su propia suerte individual, esperando la revisión
La Bonita hace una llamada para informar que todo ha salido bien, y llena de alegría toma el equipaje y apresura
Cuando La Bonita se da cuenta, su reacción es quitarse los zapatos y cruzar la puerta, corriendo, tomar el primer taxi y desaparecer cuanto antes; mas un policía disfrazado de recogebasuras también ha observado el funesto hilito delator. Se lleva la mano al bolsillo, saca la billetera y la muestra diciendo:
-Policía, queda arrestada.
Con su otra mano, en el cinto, empuña el revólver.
-¡Estúpido!, ¿qué le pasa?, -reclama La Bonita en el momento en que el policía le cierra las esposas.
La compañera de viaje, inmediatamente captó el desastre, rapidito se escurrió entre quienes salían
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En medio de la confusión de hallarse detenida en un país extranjero y encerrada en un pequeño cuarto, ingresó una oficial de policía, que asombrada quedó ante su belleza; lo cual hizo pensar a La Bonita que tal vez era un hombre disfrazado de mujer e intentaría abusar de su derrota.
-Hay dos formas de practicar esta inspección -explicó en correcto español-. Con su ayuda o sin ella -com-plementó-. Todo depende de usted. Desnúdese totalmente -ordenó mientras empujaba con la mano la cámara
Al notar que La Bonita la miraba extrañada, enfatizó:
-¡Y pronto!
Como viera que comenzaba a llorar, agregó:
-No llore, mamita. Usted se metió voluntariamente en este problema -y continuó observando sus finas prendas interiores a medida que La Bonita se desnudaba; pero no
-Si colabora, todo saldrá bien -dijo, y le ordenó-: ponga ambos pies sobre esas marcas pintadas en el piso y acurrúquese.
Mientras La Bonita se estaba colocando, le expresó:
-¡Qué senos más bellos tiene usted y qué mujer tan hermosa! -y comenzó a tocárselos.
Como La Bonita se extrañara, le explicó:
-Hasta cirugías se hacen para ocultar la droga.
Era la primera vez que ella sentía las manos de una mujer sobre sus partes femeninas y no pudo evitar la repulsión, que de inmediato le erizó la piel. Especialmente porque la oficial de policía no examinaba los senos
La Bonita, que había oído de estas humillantes requisas, pensó: si eso es con los senos, cómo será en las partes íntimas -y pensando estaba cuando sintió un beso en uno de los pezones; ante lo cual exclamó:
-¡Qué le pasa! ¡Está loca! -y se quedó mirándola con ira. La oficial era fornida y con cara de rinoceronte. La falda le dejaba apreciar sus musculosas piernas. Los brazos también eran de marimacho.
-Aquí puede gritar, llorar o colaborar.
-¿Colaborar es dejarme tocar? -preguntó La Bonita-, y todo lo que me quiera hacer -agregó.
-Mamita, eso depende de usted. Yo no quiero maltratarla -respondió y tomó de un empaque los guantes plásticos.
-¿Y para eso tiene que besarme los senos? -reclamó.
-De lo que suceda aquí nadie se dará cuenta, ni lo sabrá, salvo que usted traiga más droga escondida dentro de su cuerpo y para eso debo examinarla.
Y sin más palabras se quitó los zapatos y se puso los guantes. Procedió a tocarle las piernas, las nalgas y al llegar al terciopelo púbico le pasó la mano con deleite. Cuando se alistaba a practicar la íntima inspección, La Bonita,
-¡La voy a matar! ¡Hija de perra! -gritó.
-¡Nos mataremos! -replicó La Bonita al tiempo que echaba mano a un bolillo que apareció
-¡Quieta! ¡Por favor no haga nada! -le pidió la oficial, toda mansita.
-¡La denunciaré!, ¡atrevida!
-No tendrá pruebas.
-Averiguaré con todas las que han pasado por esta humillación. Conseguiré testigos.
La escena, deplorable, en eso terminó.
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Acompañada de su infausta belleza fue transportada en un carro-patrulla y confinada luego en una celda donde la asaltaron tenebrosos pensamientos atormentadores hasta que al fin rendida se durmió después de haber soltado incontenibles lágrimas que ahogaban todas sus ilusiones.
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Frío intenso. Una corte solemne. Un enlutado juez de mirada robusta, un mal traductor; el abogado de oficio, los jurados que la observaban
La Bonita quedó sentenciada a cinco años en la prisión estatal de Mariana; pues ella ingenuamente confesó, esperando rebaja en la pena, que ya había realizado otro viaje. Todo por prestarse a agregar otro kilo de estupefaciente a las 900 toneladas de cocaína que al año ingresan a los Estados Unidos y las autoridades no iban a dejar escapar la oportunidad de dar un escarmiento y también para justificar la solicitud de incrementar el presupuesto.
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Ya en la cárcel comentó a una guardiana, con la cual congenió, lo sucedido cuando la detuvieron, y ella se encargó de obtener testimonios de otras `mulas' que igualmente habían sido vejadas; la oficial fue procesada y destituida.
Para colmo de su desgracia, cuando ya casi estaba resignada a su adversidad, apareció en la cárcel, dizque practicando una inspección, el mismo policía que había amenazado con denunciarla si no se acostaba con él y al reconocerla le propuso que para la fiesta anual de los guardianes realizara una exhibición privada; y si se negaba le haría un reporte de malos antecedentes, que hasta ahora no estaban consignados en su expediente. Lo cual podría aumentar la permanencia en la prisión.
Le dio inmensa rabia sentirse chantajeada; pero tan grande era la falta de su familia, que esa noche le dio vueltas y vueltas a la respuesta.
Al día siguiente no dudó en darle una respuesta negativa. Había llegado a la conclusión de que iba a pagar sus pecados todo el tiempo que Dios quisiera mantenerla presa y al salir comenzaría una vida distinta; que hasta ahora había observado excelente conducta, y por nada
Contó a la guardiana lo que sucedía y ésta notificó al oficial que si lo volvía a ver por el penal lo haría sancionar; lo cual siempre hizo, dando a conocer tan ilusas pretensiones.
Sola, todos los días, de interminables noches, metida en sí misma, abrazada a la almohada, pensando en qué momento su vida se torció, le habían permitido establecer la diferencia entre la virtud y el vicio. Reconocía que si bien era cierto que su familia carecía de todo, tal vez no hubiera sido necesario que ella se perdiera, pues haciendo un esfuerzo habría podido tomar un camino distinto.
“Si hubiera estudiado -pensaba- y no me hubiera dejado convencer por los halagos que hacían a mi belleza... Ni por las vanas ilusiones
Arrepentida de su pasado, haría hasta lo imposible por enderezar la vida. No iba a ser más juguete
Tan fuerte era su determinación que le sirvió para rechazar una oferta de posar desnuda para la revista Playboy, renunciando, desde luego, a un montón de dinero.
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Dos larguísimos años habían pasado, cuando al ojear una revista encontró una sección donde relacionaban parejas y entonces le escribió a un caballero que parecía interesante; pero le pidió el favor a su amiga la guardiana de enviar la carta y recibir la respuesta en su casa, si era que él respondía; como en efecto sucedió.
Comenzó entonces un ir y venir de cartas, que poco a poco iban creando una relación amorosa. Luego de un tiempo, y después de meditarlo mucho, La Bonita se atrevió a contarle que se hallaba purgando una condena y le explicaba, también, el penoso motivo.
Aunque él suponía que las fotos correspondían a otra persona, que no podía ser tan hermosa, albergaba la esperanza de que su belleza sí fuera real y tuviera, además, tan buenos sentimientos
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La Bonita hizo valer su excelente conducta y así un bendito día recibió la esperada noticia de que la deportarían.
Con tristeza y alegría contó a su enamorado la buena nueva; le agradeció, una vez más, los dólares que le diera, pues con ellos había pagado los servicios
Lloró abrazada a su amiga la guardiana, que había sido su ángel. Se despidió de casi todas en la cárcel, recibió algunas cartas que mandaban con ella, pues no era la única caleña que se hallaba presa, y salió muy contenta para el aeropuerto de regreso a
Cuando el avión estaba aterrizando, al ver el valle del río Cauca, los cañaduzales espigados, las Tres Cruces del cerro a lo lejos, también a Cristo Rey, Aguablanca y Siloé, se le vino un torrente de compungidas lágrimas. De ese mismo aeropuerto había partido tres años antes, sin medir las consecuencias de sus actos; con la ilusión de ganarse unos pesos y tener un futuro distinto y mejor, para ella y su pobre familia.
Como pudo superó la congoja, detuvo los sollozos. Se puso la mano sobre el corazón y exclamó:
-¡Vamos, Isabel!, ya pasó lo peor y estás de nuevo en casa.
Sacó el espejo, borró los surcos dejados por las lágrimas, retocó el maquillaje en el hermoso rostro y dándose un impulso con las nalgas se levantó.
La policía de Cali la recibió en la puerta del avión, no para llevarla a la cárcel, pues ya había pagado la deuda con la justicia de los Estados Unidos, que castiga con extrema dureza a las `mulas' olvidando que son ellos los causantes de este comercio ilícito, del que se aprovechan los traficantes, sino porque ese era el convenio con las autoridades norteamericanas.
Su pequeña familia, compadecida de su pésima suerte, fue a recibirla con algo de vergüenza, pero con mucho amor.
Hasta Carlos, el carpintero, fue al aeropuerto. Un curandero había logrado controlar la enfermedad y prometido que tal vez podría sanarlo. Juiciosamente había trabajado el dinero
La recibió con
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Consumida por la tristeza de lo que había sido su existencia y sumida en la pena ocasionada por la falta de su padre y
Sufría días de infinito desconsuelo en que abatida ni se levantaba y si lo hacía era para tomar los alimentos que su madre con pesar le preparaba. Era
La situación
Como pocas veces rezaba, no sabía una oración completa. Sólo se acordaba de Dios cuando tenía problemas. Pero ante
Tenía que salir a trabajar; pero en qué y en dónde. Pensaba que podría servir de modelo, pues no obstante el tiempo pasado en la prisión, conservaba imbatibles todos sus encantos. Y para ello no indagarían sus antecedentes. Pero... si a las modelos las hacían desvestir más de la cuenta, recordaba.
Acosada por las preocupaciones pensó en el político, quien ahora estaba en el Senado. Temía pedirle ayuda, pues recordaba que no lo haría desinteresadamente, sino que exigiría volverse a acostar con él, y después... quién sabe con qué más le saldría, y ella iba a ser fiel a las promesas que se hiciera en la cárcel, de enderezar su vida. En Carlos, el carpintero. Tal vez él pensaría que lo utilizaba o le crearía falsas esperanzas; además, ella no creía en magos ni curanderos.
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Una tarde apareció reptando por la casa un horripilante gusano negro y peludo que inspiraba asco y temor. Al principio quiso destriparlo con los pies, mas recordó que uno de los milagros más bellos de la naturaleza consistía en que el feo gusano se transformaría en mariposa. Lo dejó vivir y se puso a observarlo día tras día,
Y una mañana, generosamente iluminada por el sol, se abrió la crisálida y
Anonadada la observaba pensando en el inmenso poder y buen gusto de Dios al haber creado una mariposa tan bella, cuando descubrió que en las alas tenía dibujados varios números. Recordó que unos pescadores se hicieron millonarios al comprar la lotería con los números que inexplicablemente aparecieron dibujados en las escamas de un bocachico. Estaban ahí: un 8, un 0, un 8 y otro número que parecía un 0 ó un 6; 8080 o quizás 8086, leía pensativa mientras la mariposa escribía un mensaje con su lengüita alfilerezada.
La luz
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Trataba de descifrar el mensaje, enigmático, que la mariposa le estaba escribiendo, cuando escuchó que tocaban a la puerta.
“Un vendedor de lotería” -pensó-. “Y yo sin un peso” -agregó-.“Que me la fíe y después arreglamos” -complementó, y caminó hacia la puerta.
Ese día, casualmente, se había ataviado muy bien: una blusa escotada y una falda ceñida resaltaban sus femeninos atributos. También había puesto rubor en sus mejillas y en tormo a los ojos, sombras y pestañina. Estaba hermosa.
Casi se desmaya de la sorpresa: Frente a ella estaba un hombre apuesto y ya maduro, quien sin esperar un segundo preguntó:
-¿Tú eres Isabel, verdad?
Y ella, sonriendo de alegría, respondió:
-¿Y tú eres Jack, verdad?
-Yes, I am Jack Puller.
Se dieron un abrazo de nunca acabar, pues la atracción fue irresistible.
Era la primera vez que se veían, lo sabemos; todo había sido mediante fotografías. Utilizando la dirección que La Bonita diera a la guardiana, había venido a buscarla.
Y con ella aún entre sus brazos, le susurró al oído estas palabras, amorosamente:
-Cariño, siempre soñé que eras tan bella
Rendido a sus encantos se enamoró más de ella y ella también se enamoró de él.
Para nada le preocupó su humilde condición, sino que después de estar saliendo a divertirse en los muchos lugares buenos que para el caso existen en la agradable y salsera capital
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Se casaron sin demora ni invitados, en un juzgado civil .
Ingresaron por México, y luego de cambiar sus apellidos obtuvo la ciudadanía
Un día él quiso demostrarle cuánto la amaba: Fue con ella al aeropuerto a recibir una persona que La Bonita extrañaba mucho. No podía creerlo cuando a lo lejos vio caminando hacia ellos a su añorada madre. El había hecho todas las gestiones para que ellas pudieran vivir juntas. Después consiguió que sus hermanos también ingresaran, legalmente.
Mister Puller ha resultado un modelo de esposo, la quiere mucho, la trata con ternura, nunca le recrimina su pasado, tampoco sabe más de la cuenta; desde luego que ella no se lo contó todo, aplicando la sabia frase de que la ignorancia de las cosas es la mayor causa de felicidad. Ella ha cumplido sus promesas, y, además se porta
Por mucho que intentaron no pudieron tener familia.
Vive en
Sentada a mi lado por casualidad, viajando entre Houston y Miami cuando iba a visitar la guardiana, al saber que yo escribía relatos me obsequió su historia en las cuatro horas
Al despedirse dibujó en sus labios para mi una sonrisa que iluminó